El Encuentro de Humanidades reivindica el papel del pensamiento crítico en la era de la IA

¿Qué significa ser humanista hoy, en un mundo cada vez más influido por la inteligencia artificial? Esta ha sido la pregunta central de la mesa redonda en la que han participado Marco Schorlemmer, investigador científico del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, y Gabriel Fernández Borsot, miembro de la Facultad de Humanidades de la UIC. La conversación ha sido moderada por Albert Moya, vicedecano de la Facultad de Humanidades y coordinador Alumni
 

Alumni UIC Barcelona y la Facultad de Humanidades celebraron el pasado 8 de octubre una nueva edición del Encuentro de Humanidades, que reunió a estudiantes, profesorado y alumni de distintas promociones para compartir inquietudes y debatir sobre cuestiones que interpelan a la sociedad actual, como el lugar que ocupa lo humano en el desarrollo tecnológico.

Durante la bienvenida, el Dr. Moya destacó el valor de este espacio de diálogo para abordar temas de interés común. Uno de los temas centrales de la conversación fue la necesidad de incorporar una mirada humanística al desarrollo de la inteligencia artificial. El Dr. Schorlemmer destacó que la tecnología no puede entenderse al margen de los objetivos, los valores y los criterios humanos que orientan su diseño. En este sentido, las humanidades pueden contribuir a identificar y examinar las implicaciones del desarrollo de estas herramientas.

Por otro lado, el Dr. Fernández-Borsot señaló que, aunque las máquinas pueden optimizar objetivos a partir de datos, esto no garantiza que los resultados sean aceptables desde un punto de vista humano. Por ello, defendió la necesidad de “reflexionar sobre cómo se definen estos objetivos y qué criterios deben guiar el comportamiento de los sistemas de inteligencia artificial”.

Los ponentes también advirtieron del riesgo de delegar cada vez más el razonamiento en estas herramientas. El Dr. Schorlemmer defendió que los humanistas “deben seguir ejercitando su capacidad de razonamiento”, mientras que el Dr. Fernández-Borsot destacó la importancia de leer, reflexionar y asimilar críticamente lo que se lee.

En este sentido, el Dr. Fernández-Borsot hizo referencia al concepto cognitive surrender, que describe la renuncia al propio criterio cuando se delega el razonamiento en una herramienta tecnológica. Ambos subrayaron la importancia de preservar capacidades humanas que van más allá de la consecución de objetivos, como el juicio moral y la reflexión.

La conversación también abordó el impacto de la IA en las profesiones y la posibilidad de que llegue a sustituir a las personas en determinadas tareas. El Dr. Fernández-Borsot expresó su confianza en que “la tecnología pueda contribuir a ampliar las capacidades humanas”, pero alertó de la necesidad de preservar facultades como la contemplación y la profundidad interior. 

Asimismo, señaló que el desarrollo de la IA plantea un reto social y político que obliga a decidir qué usos son deseables y dónde deben establecerse límites.

Como reflexión final, el Dr. Schorlemmer reivindicó la colaboración entre humanistas, informáticos e ingenieros para incorporar diferentes perspectivas al desarrollo tecnológico. El Dr. Fernández-Borsot, por su parte, defendió que los humanistas integren la IA en su actividad profesional sin renunciar al espíritu crítico ni a la profundidad del pensamiento.