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Comunicación Audiovisual | 2013

La IA es una herramienta útil, pero difícilmente tendrá el alma de una técnica de rodaje o una interpretación realizada por seres humanos
Joan Girbau (Comunicación Audiovisual, 2013) es director de la productora audiovisual Artechnet, con una trayectoria marcada por la combinación de sensibilidad artística, rigor técnico y una profunda vocación por contar historias con impacto emocional. A lo largo de esta entrevista reflexiona sobre su evolución profesional en el sector audiovisual, el valor del aprendizaje universitario, la experiencia de emprender proyectos cinematográficos propios y los retos creativos y éticos que plantea la irrupción de la inteligencia artificial en la industria.
No sé si soy el más indicado para definirme. Pienso que lo que soy queda perdido en un punto entre lo que creo que soy y lo que los otros perciben que soy. Y, aun así, probablemente sería incompleto. De mí diría que soy, en parte, soñador e idealista y, en parte, pragmático y resolutivo. Creativo y caótico y, a veces, perfeccionista y ordenado. Un alma a veces activa, a veces contemplativa, con ganas de escuchar y de contar historias al mundo que toquen los corazones de las personas. La fascinación por la belleza y llegar al interior de aquella realidad distinta para cada persona me hacen recordar cuál es el propósito detrás de las películas: sobre todo, entretener y emocionar.
Profesional y personalmente, he aprendido mucho de grandes profesionales del sector cinematográfico y publicitario; además, varios de ellos fueron mis profesores en la universidad. En el ámbito de la exploración de un tema y de mi propia voz artística, aprendí mucho en narrativa audiovisual con Joan Marimón, y en lenguaje documental con Ricard Mamblona, ambos directores de cine en activo. De narrativa visual, aprendí mucho en dirección de fotografía y en dirección de cine, y cómo la luz, el movimiento, la intención y todos los elementos a nuestro alcance afectan a cómo el público percibe la historia que le estamos contando. Lo mismo ocurre con la narrativa musical: con Isabel Villanueva aprendí que la música sirve no solo de manera estética para que funcione localmente en una escena, sino también como unidad que genera una relación emocional-intelectual con el espectador. En el ámbito más pragmático, en producción audiovisual aprendí mucho con Arturo Méndiz (que además de ser un gran productor, ha ganado un Goya, Cannes y ha estado nominado a los Óscar). Me gustaría mencionar que todo esto se reaprende y se completa una vez sales al mundo real. Podría citar a más personas, pero, sobre todo, es de agradecer que muchos de los profesores sean profesionales en activo. Se nota que conocen la teoría, pero saben cuándo la práctica pide salirse del manual.
Al principio, al salir de la universidad, no tenía ni idea de qué hacer con mi vida. Creo que es una sensación bastante generalizada al acabar el mundo universitario, y especialmente en el sector audiovisual. Empecé trabajando de lo que encontré cerca de mi casa, en Girona, en una empresa pionera en cine 3D. Allí pude manejar material de cine de primera, entonces las Arri Alexa originales, ópticas, luces, distintas salas de postproducción de montaje y color… Había de todo. Cuando quebró, decidí empezar por mi cuenta, con vídeos muy breves para amigos, amigos de amigos, con una cámara DSLR de mis padres. Más adelante, con Albert Escuder, gran productor y buen amigo —fundador de la productora Adauge—, empezamos nuestro trayecto juntos con un par de largometrajes documentales en los que no cobramos, pero en los que aprendimos mucho. Los rodamos entre España e Italia (Rodando al Destino, 2016) y en Grecia (Faraway Land, 2018). Entre trabajos más comerciales y corporativos que hacíamos cada uno por nuestra cuenta, hemos ido desarrollando proyectos con historias que realmente tocaban el corazón y nos interesaba contar. Poco a poco nos hemos ido labrando una trayectoria profesional individual, y luego conjuntamente.
Pienso que el camino ha sido un poco pasar de dar palos de ciego a empezar a tener dos dedos de frente para saber qué hacer y qué evitar. Además, mentalmente pasas de la euforia, pensando en lo bonita que es esta profesión artística, al desgaste mental y emocional, a veces desesperante. Aunque cada proyecto es único, siempre me da la sensación de estar empezando de cero, como si de repente todo se me olvidara y fuera un primerizo que intenta enfrentarse a algo que le parece nuevo (aunque lo haya hecho mil veces).
En el ámbito comercial, me parece clave haber podido trabajar para Mango. En el rodaje conocimos a Toni Ruiz, el actual director de Mango, y a Isak Andic, el fundador del gigante de la moda, y fue con un antiguo profesor de UIC Barcelona, con quien nos hemos ido viendo al acabar la universidad, Carles Cardelús, un gran director y fotógrafo. En esa época, este gran cliente me abrió muchas puertas. En el ámbito más cinematográfico y de historias reales, rodé un pequeño documental en Uganda titulado Children of God. Además de algunos premios y nominaciones en festivales internacionales, estuvo seleccionado y proyectado en el prestigioso IFFI-GOA, el festival de cine más importante de India. Y tanto en el aspecto profesional como en el personal, empezar a trabajar con Albert en Rodando al Destino y en Faraway Land ha sido clave; no solo porque he aprendido mucho profesional y artísticamente, sino porque gracias a estos proyectos he conocido a uno de mis mejores amigos. En 2025 estrenamos Solo Javier en cines, con Josepmaria Anglès, otro amigo y colaborador en los dos últimos proyectos. Actualmente, estamos preparando un interesantísimo proyecto sobre cierto arquitecto de Barcelona.
Los aspectos técnicos y creativos están constantemente evolucionando. La técnica está cambiando a un ritmo elevadísimo: todas las marcas compiten para ofrecer algo mejor que las demás en un tiempo récord. En cada feria de cámaras y luces aparecen novedades más rompedoras. Marcas como Blackmagic ponen a disposición del cineasta independiente cámaras muy asequibles y con una calidad espectacular (si sabes cómo sacar lo mejor de ellas). Esta competición agresiva en el cine low cost ha permitido democratizar material de cámara y luz y hacerlo accesible a muchas más personas que quieren abrirse paso en esta industria para contar historias.
Y en la parte creativa y narrativa, cuantas más películas ves y analizas, más aprendes. Un plano o una técnica que suscita una emoción o una sensación, que genera en ti una reacción respecto a la trama y al personaje que estás siguiendo, lo estudias y lo aplicas después a tu proyecto. Pienso que las plataformas digitales son una gran herramienta para poder ver grandes películas y en gran cantidad. Es cierto que, para poder proponer oferta, muchas de ellas producen mucho contenido, y muchas veces es solo eso: contenido. Pero entre películas “normalitas” aparecen gratas sorpresas como La sociedad de la nieve, de J. A. Bayona, o Sirat, de Oliver Laxe, ambos grandes directores, a quienes admiro y a quienes agradezco haber podido conocer en persona y conversar.
Mi hermano Andreu es doctor en IA y trabaja en Tokio, es muy bueno. Siempre busca estar en la frontera de su área de conocimiento, teniendo en cuenta el aspecto ético de lo que hace. Hemos tenido muchas conversaciones, y es consciente de ambas caras de la moneda de la IA. A pesar de ser indiscutiblemente una herramienta técnica muy potente ¿cómo nos afecta en el presente y cómo puede afectarnos en el futuro? Pienso que la IA puede significar un gran cambio no solo en la industria audiovisual, sino en el mundo en general. Deja abierto un reto cultural, intelectual y moral que habrá que explorar detenidamente entre todos para que no acabemos como en Wall·E o en el distrito 13 de Los juegos del hambre.
Cuando comencé estaba solo. Luego, hace ya unos años, creé Artechnet como asociación y productora audiovisual por la necesidad de tener una marca con la que trabajar en equipo con otras personas. Me ayudaron y apoyaron mucho mis padres. Pienso que la IA es una herramienta potente, pero que donde esté el alma y la creatividad humana profundas y trabajadas, donde haya una técnica fusionada con una intuición y una consciencia, la IA será difícil que llegue. Es cierto que es brutal para realizar efectos especiales digitales.
Con la democratización del material audiovisual que comentaba antes, la IA democratiza los efectos a lo Hollywood, carísimos de realizar, y los pone al servicio de aquellos que tienen grandes ideas, pero los límites técnicos les impedían llevar adelante sus producciones. Aunque siempre soy partidario de la artesanía audiovisual, como diría Òscar, un productor amigo mío, creo que la IA es una herramienta útil, pero difícilmente tendrá el alma de una técnica de rodaje o una interpretación realizada por seres humanos. Las sutilezas que da no solo la técnica, sino también la intuición, es algo que la IA no entenderá. Además, el cine es un arte colaborativo. También considero peligrosa la IA como herramienta, pues apunta a ir automatizando (y, en consecuencia, reduciendo) puestos de trabajo. Quitarle el trabajo a personas que han estudiado durante años con esfuerzo y sudor puede generar mucha frustración.

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