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Medicina | 2017

Uno debe enamorarse del proceso: de iterar, de escuchar al usuario, de mejorar una versión tras otra.
Pol Ricart (Medicina, 2017) es médico y fundador de MedBrain Global, una start-up de salud digital que aplica inteligencia artificial para mejorar el acceso a diagnósticos clínicos precisos, especialmente en contextos con recursos limitados. Pol ha orientado su carrera a combinar la vocación médica con la innovación tecnológica, con el objetivo de amplificar el impacto social de la medicina más allá de las limitaciones tradicionales de la práctica asistencial. En esta entrevista comparte su visión sobre el emprendimiento en salud, los aprendizajes clave de su etapa universitaria, los retos de liderar un proyecto de IA aplicada a la clínica y su compromiso con una atención médica más equitativa y escalable.
Siempre me he definido, ante todo, como médico. Es una identidad que va más allá de la profesión: es una forma de entender el mundo y mi lugar en él.
Mi principal inquietud como médico siempre ha sido la limitación en la escalabilidad del impacto positivo que podemos generar. Durante mi etapa como residente de neurocirugía, era muy consciente de que en quirófano podíamos ayudar a uno o dos pacientes al día. Por extraordinario que fuera cada caso, el alcance era inherentemente finito.
Lo que me motiva a diario es una convicción de que he ido construyendo gracias a pensadores como Peter Diamandis o Jeremy Rifkin: la idea de que, mediante la tecnología, podemos amplificar exponencialmente el impacto en cualquier ámbito. Una de las claves está en crear innovaciones cuyo consumo no represente un coste marginal significativo —economías de escala aplicadas a problemas sociales—. Cuando logras que una herramienta beneficie a miles de personas con el mismo coste que a una sola, estás redefiniendo lo que es posible en medicina.
Esto es lo que me mueve cada día: combinar la vocación clínica con la innovación para que la calidad de la atención médica no dependa del código postal del paciente.
Hay un proverbio africano que me acompaña mucho: “Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”. En UIC Barcelona aprendí muchas cosas, pero si tuviera que destacar una por encima del resto sería esta: la medicina —y todavía más la innovación en salud— es un deporte de equipo.
La universidad no solo me dio base clínica; me ayudó a entender cómo hacer que el trabajo en equipo sea realmente productivo: repartir responsabilidades, construir confianza, comunicar con precisión y mantener el foco en un objetivo común. Recuerdo trabajos y proyectos donde aprendí a coordinar perfiles distintos y a liderar sin imponer: escuchando, sintetizando y tomando decisiones cuando toca.
Además, tuve la suerte de encontrar referentes que fueron más allá de lo esperado. Mi tutor personal, el Dr. Josep Argemí, no solo me orientó académicamente: compartió generosamente conversaciones, tiempo y criterio, y me animó a pensar en grande con los pies en la tierra. Y mi decano, el Dr. Albert Balaguer, fue un ejemplo de liderazgo y siempre me hizo sentir acompañado. Esa combinación de rigor y humanidad es algo que me marcó profundamente.
Emprender en salud requiere, para mí, tres habilidades críticas.
La primera es un conocimiento profundo de la práctica clínica y del sistema sanitario: cómo se toman las decisiones, cómo se gestionan los recursos y cómo se prioriza en situaciones reales. Hay que innovar desde el conocimiento en el terreno, no desde el despacho.
La segunda es entender que la medicina ya es —y será todavía más— una ciencia de datos. Por eso es clave dominar la metodología de investigación, medir resultados y pensar desde primeros principios: qué problema resuelves, para quién, en qué contexto y cómo demuestras que funciona de forma eficiente y segura.
La tercera es la capacidad de aprender rápido y liderar en la complejidad. En un mismo día puedes trabajar en regulación, estrategia, producto, financiación, validación clínica o negociaciones con gobiernos. Saber cambiar de “chip” mental para liderar escenarios distintos es una habilidad que se entrena con el tiempo, y personalmente me resulta enormemente estimulante.
Y hay algo muy personal: liderar un equipo brillante que decide apostar por una visión común es una gran responsabilidad. La gratitud y el cuidado del equipo son parte esencial de construir algo duradero.
Lo más desafiante —y a la vez lo más formativo— es liderar en un entorno donde casi todo es incertidumbre: producto, financiación, contexto regulatorio, adopción y, además, el peso ético de estar trabajando con decisiones clínicas. Hay que aprender a estar cómodo navegando por lo desconocido, manteniendo una visión muy clara de hacia dónde se quiere llegar.
Es tanto trabajo, que uno debe enamorarse del proceso: de iterar, de escuchar al usuario, de mejorar una versión tras otra.
He aprendido a interiorizar una mentalidad fundamental: un no hoy no es un no siempre. Las circunstancias cambian, y si haces bien el trabajo, lo que ayer parecía imposible, mañana puede convertirse en tu realidad. Como dice Ryan Holiday, “el obstáculo es el camino”. El dolor y el esfuerzo intenso no son anomalías a evitar, sino partes inherentes del proceso.
Si tuviera que señalar el desafío más específico, diría que fue conseguir el capital inicial para formar el equipo y realizar la investigación y desarrollo necesarios. Estamos creando una herramienta con potencial para generar un impacto positivo enorme, pero en poblaciones vulnerables donde el retorno económico de la inversión se percibe como arriesgado. Convencer a inversores de apostar por un mercado volátil e incierto, donde la rentabilidad social es clara pero la financiera requiere una mirada a largo plazo, fue probablemente el obstáculo más difícil de superar en las etapas iniciales.
Las oportunidades son extraordinarias. La literatura científica ha demostrado ampliamente que, mediante la IA, los profesionales sanitarios pueden aumentar su precisión en el triaje, el diagnóstico clínico y el manejo de pacientes.
Un ejemplo concreto es un ensayo clínico aleatorizado a doble ciego liderado por el Ministerio de Sanidad del Gobierno de Nigeria para validar nuestra herramienta diagnóstica. Se observó un aumento estadísticamente significativo en la precisión diagnóstica de enfermeros rurales cuando usaban MedBrain. Lo más relevante es que no hubo diferencias significativas entre la precisión diagnóstica de estos enfermeros y la de médicos especialistas, mientras que sí existieron diferencias claras respecto a los enfermeros sin la herramienta. Esto confirma que la IA puede permitir a profesionales no especialistas diagnosticar y gestionar pacientes con una precisión comparable a la de un médico especialista.
No obstante, existen barreras importantes:
La participación en 4YFN fue un punto de inflexión para MedBrain. En la pasada edición pudimos establecer relaciones directas con delegaciones gubernamentales de países de renta baja, con los que actualmente estamos negociando implementaciones a escala nacional.
El reconocimiento del Premio Alumni a la Transformación Social tiene un significado especial para mí. Volver a la UIC, la institución que me formó, y recibir este premio por el trabajo que estamos haciendo en MedBrain cierra un círculo muy emotivo.

La idea de que la historia humana es, en el fondo, una continua expansión del “nosotros”. Rifkin te hace mirar la civilización no solo como progreso técnico, sino como un ensanchamiento lento —y a veces doloroso— de la empatía: del clan a la ciudad, de la nación a la humanidad, y hoy hacia una conciencia más amplia que incluye a otras especies y a la biosfera. Es un mensaje profundamente esperanzador.
Tu música favorita: Álvaro Soler, vitalista y humanista, ¡un referente para mí!
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